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ALIMENTACIÓN, SÍNDROME DE DESAPARICIÓN DE COLMENAS ("COLONY
COLAPSE DISORDER"), CAMBIO CLIMÁTICO...SU RELACIÓN CON LA
SUPERVIVENCIA DE LAS COLMENAS EN CONDICIONES LÍMITES.
Antonio G. Pajuelo.-
CONSULTORES APÍCOLAS.- Sant Miquel, 14.- 12004
Castellón, España
Tel. y Fax: 964 24 64 94.-
Tel.: 607 884 222.- antonio@pajuelo.info
Todos los seres vivos responden al mismo
esquema de funcionamiento, su supervivencia se basa en la
utilización de las mismas materias, que usan de la misma
manera.
Los organismos vivos necesitan incorporar una
serie de materias principales para su correcto
funcionamiento. En resumen estas materias son: los hidratos
de carbono o azúcares, las grasas y las proteínas.
Los hidratos de carbono:
formados por los elementos químicos hidrógeno, oxígeno y
carbono, también se conocen como azúcares.
Constituyen el 60% de la dieta en las personas, y una
parte mayor en la de las abejas. Son el combustible que
queman los seres vivos para su funcionamiento. Los azúcares
pueden ser más o menos complejos, quemando más o menos
fácilmente y proporcionando más o menos energía. Se agrupan
en:
·
Monosacáridos: la glucosa (también llamada
dextrosa) y la fructosa (o levulosa). Se forman por la unión
de 6 carbonos, 12 hidrógenos y 6 oxígenos: C6
H12 O6.
Queman rápidamente, como la leña fina, dando un fogonazo de
energía. La glucosa se diferencia de la fructosa por la
forma de unirse en el espacio sus elementos.
·
Disacáridos: la sacarosa (azúcar blanca). Se
forma al unir dos monosacáridos, por tanto tiene 12
carbonos, 24 hidrógenos, 12 oxígenos: C12
H24 O12.
·
Trisacáridos: se forman cuando se unen 3
monosacáridos
·
Polisacáridos: los almidones. Se forman
cuando se unen muchos monosacáridos. También se llaman
azúcares superiores o dextrinas. Son la manera de almacenar
reservas de los vegetales. A efectos de rendimiento
energético son como un tronco grueso, se han de hacer
astillas (monosacáridos) para que prendan y den energía.
Los diferentes seres vivos tienen distinta
capacidad de asimilar y digerir (trocear) los polisacáridos,
desmenuzándolos en los monosacáridos que lo componen. Pero
todos han de realizar una serie de reacciones químicas que
transforme cualquier azúcar en uno solo, la fructosa, que es
el único que las células de cualquier ser vivo pueden quemar
para transformarlo en energía, convirtiéndolo en un residuo
de gas carbónico (carbono y oxígeno = CO2)
y agua (hidrógeno y oxígeno = H2O).
Cuando un ser vivo consume más azúcares de los que necesitas
quemar, guarda el excedente de reserva. Para ello, rompe la
fructosa (6 carbonos), elimina parte del oxígeno y produce 3
fragmentos de 2 carbonos, que vuelve a enlazar
reordenándolos de otra manera más compacta, y va sumando
fragmentos de 2 carbonos para formar unos compuestos que se
llaman grasas, que son la forma de almacenamiento de
reservas que utilizamos los animales.
Las abejas encuentran hidratos de carbono en
la miel (80%) y en el polen (40%), y forman dos tipos de
grasas a partir de estos azúcares: la cera (que es una grasa
sólida a temperatura ambiente) y sus grasas internas,
que acumulan en unas células vacías, llamadas trofocitos o
adipocitos (del tejido adiposo), sobre todo en otoño, y que
utiliza para la fabricación de hormonas, el mantenimiento de
la cubierta de los nervios... Algunas grasas, tipo
colesterol, actúan como “anticongelantes”, permitiendo a
otros insectos más estudiados resistir al frío; es normal
que en las abejas haya algo parecido.
Para que se produzcan esas transformaciones
es imprescindible la presencia de ciertos componentes que
están en el polen y que son otras grasas, enzimas...
que actúan como iniciadores y catalizadores de esas
reacciones químicas. Algunas de estas grasas no pueden ser
“fabricadas” por las abejas, las han de tomar ya “formadas”
en la dieta, a este tipo de sustancias, no “fabricables”, se
les llama vitaminas.
Las necesidades de vitaminas de las abejas no
se conocen tan bien como las de otros animales, pero se sabe
que necesitan todas las del grupo B: B1 (tiamina), B2
(riboflavina), B3 (niacina), B5 (ácido pantoténico), B6
(piridoxina), B9 (ácido fólico) y B12 (cobalamina). Otra
vitamina no grasas necesitan vitamina C (ácido ascórbico)
para la cría. De las vitaminas grasas, antioxidantes,
necesitan la A (carotenos), E (tocoferol) y K (nadionas y
quinonas, en vegetales y bacterias intestinales) para el
funcionamiento de su organismo.
Hay otro tipo de sustancias alimenticias para
los seres vivos que, además de carbono, hidrógeno y oxígeno
(como los azúcares y las grasas), tienen otro elemento
imprescindible para la vida: el nitrógeno. Esas sustancias
nitrogenadas, se llaman proteínas.
Las proteínas:
están formadas por la unión de elementos más sencillos, los
aminoácidos, de los que hay una veintena diferentes.
Hay muchos tipos de proteínas, que se diferencian en el
número total de amino ácidos y en los tipos de amino ácidos
que las forman y en que incorporan otras sustancias además
de aminoácidos. Se puede decir que los aminoácidos son como
los ladrillos, según el tipo que se utilice y como se junten
puede hacerse con ellos una pared maestra, un tabique, una
columna, una bóveda...
Las sustancias nitrogenadas, proteínas,
tienen una gran variedad de funciones en los seres vivos:
intervienen en la formación de los músculos, los tejidos de
soporte (tendones, el esqueleto interno en nuestro caso, el
externo o “caparazón” en las abejas), las secreciones
digestivas (enzimas), las hormonas, los sistemas defensivos
(inmunológicos), los genes de los cromosomas (ADN), las
células nuevas que reponen a las dañadas en los tejidos...
Los seres vivos necesitan ingerir proteínas
en su dieta (nosotros hasta un 15% del total de alimentos,
las abejas seguramente parecido). En la digestión se
fragmentan en trozos útiles, primero más grandes, luego
menores, hasta llegar a los aminoácidos. Estas partes
nitrogenadas se aprovechan en fabricar otras proteínas
útiles para el ser vivo que las ingiere. Las partes sin
nitrógeno, con solo carbono, hidrógeno y oxígeno, son
quemadas o convertidas en grasa.
Como pasaba con las grasas, los diferentes
seres vivos pueden fabricar diferentes aminoácidos en su
organismo, unos veinte, a partir de fragmentos de otras
moléculas que contengan carbono, hidrógeno, oxígeno y
nitrógeno. Pero siempre hay algunos de esa veintena que no
saben “fabricar”, y que han de tomar enteros en la dieta,
esos se llaman amino ácidos esenciales. Las diferentes
especies de seres vivos tienen como “esenciales” diferentes
amino ácidos de esa veintena. Como se ha comentado, algunas
de esas sustancias que un ser vivo no sabe “fabricar”, se
conocen también con el nombre de vitaminas, y la
mayoría suelen ser de tipo nitrogenado (amino ácidos...) o/y
graso.
Para la abeja se considera que 10 amino
ácidos son esenciales, la lista y la cantidad que ha de
haber en su dieta es la siguiente:
arginina 3 %
fenilalanina 2,5
histidina 1,5
isoleucina 4
leucina 4,5
lisina 3
metionina 1,5
treonina 3
triptófano 1
valina
4
Algunas plantas, como el eucalipto, no tienen
alguno de estos componentes (lisina en este caso), por lo
que si las abejas solo comen su polen durante un tiempo
largo acaban teniendo problemas.
En la dieta de las abejas, el polen, es el
único aporte de sustancias nitrogenadas (14%) y de grasas
externas (5%), sin contar las grasas que saben “fabricar” a
partir de los azúcares. de proteínas y grasas que
Pero no todos los pólenes son igualmente
alimenticios para las abejas. Hay diferencias sensibles en
la cantidad total, y en los tipos, de grasas y proteínas que
hay en los pólenes de unas y otras plantas. Si se clasifican
por el porcentaje de proteínas, por ejemplo, se pueden
agrupar de la siguiente manera:
|
Contenido en
proteínas de algunos pólenes: |
|
menos del 20 % |
20 a 25 % |
25 a 30 % |
más del 30 % |
|
azahar |
cardos |
aliaga |
chupamieles |
|
diente de león |
castaño |
almendro y
frutales |
|
|
encinas |
leguminosas de
prado |
colza |
|
|
espliego |
nabo |
trébol blanco |
|
|
girasol |
|
|
|
|
maíz |
|
|
|
Con respecto al contenido en grasas pasa lo
mismo, algunos eucaliptus no tiene, el chupamieles tiene
mucha.
Como ejemplo, según una reciente tesis
doctoral leída en España, sobre pólenes españoles (Carlos
Codón, Salamanca 2005), al analizar pelotas de polen de dos
procedencias botánicas diferentes (jaras y estepas,
Cistus - Helianthemum spp y chupamieles, flor morada,
Echium spp), separadas manualmente, obtuvieron los
siguientes resultados:
Variaciones en la composición de pólenes
españoles según su origen botánico:
(Tesis doctoral, Carlos Codón, Salamanca, España, 2005)
|
Parámetro: |
Jaras |
Chupamieles,
flor morada
|
|
humedad |
5,97 |
5,97 |
|
lípidos (grasas) |
5,86 |
1,99 |
|
minerales |
1,53 |
4,11 |
|
proteínas:
•
amino ácidos libres
•
amino ácidos totales |
13,97
•
32,46
•
13,95 |
32,21
•
22,18
•
32,22 |
|
azúcares
reductores |
39,28 |
24,74 |
Lo fundamental, pues, es que la dieta sea
variada, para que sea equilibrada en todos los componentes
necesarios, que, además, han de estar en un radio asequible
a las abejas (lo normal, a menos de 2 Km., pero llegan bien
a 5 Km.).
Cuando los aportes a la dieta son correctos,
todas las reacciones de transformación de estas materias en
energía y en otras materias diferentes funcionan bien; el
organismo vive y está sano.
Pero ¿qué pasa en condiciones límites?
¿cuando falla algún suministro vital? ¿cuando hay hambre?...
Cuando las abejas padecen falta de miel,
falla el suministro de hidratos de carbono no pueden
producir energía, sobre todo calorífica, y disminuye su
capacidad de mantener 35º C constante, ± 1º C, en la zona de
cría, es decir, se ve afectada la cría, llegando a su
paralización. Si el problema continúa y se hace más grave
la temperatura de los panales que ocupan va disminuyendo, lo
que vuelve más lentas todas las reacciones químicas de sus
cuerpos; las trasmisiones eléctricas de los nervios (lo que
ralentiza sus movimientos y su coordinación), la
respiración, los movimientos musculares (lo que acentúa la
disminución de la temperatura). Finalmente, cuando se llega
a la frontera aproximada de los 12º C, las abejas quedan
totalmente paralizadas por el frío y pasado un tiempo
mueren, formando un grupo arracimado, introducidas de cabeza
en las celdillas, en un intento desesperado de conservar
mejor sus últimas calorías. Casi todos lo hemos visto
alguna vez.
Hasta llegar a esa situación el organismo de
las abejas ha intentado producir energía calorífica de
cualquier manera: primero, quemando sus reservas de grasa,
que almacenaba en las células vacías de la espalda (al nivel
del 2º anillo externo abdominal = 3ª tergita dorsal). Cuando
las grasas escasean queman proteínas de los músculos, de los
tejidos (intestino...). Se puede decir que el cuerpo se
como a sí mismo. Esto provoca una disminución del peso
corporal, que puede llegar a un 50% de su valor normal.
Finalmente, solo quedan las proteínas de los órganos vitales
y un mínimo de grasa que es imprescindible para el
mantenimiento del nivel de las principales hormonas y el
aislamiento de las terminaciones nerviosas que transmiten
impulsos entre los tejidos, los órganos y los ganglios
cerebrales. En este estado, las abejas pueden desaparecer
con facilidad en el campo un día que puedan salir. Las que
quedan en la colmena pueden presentar los mismos síntomas de
desproteinización y destrucción de tejidos digestivos que si
hubieran estado parasitadas por nosema, que es otra manera
de perder proteínas.
Cuando las abejas padecen falta de polen,
bien porque no haya, o porque el que hay no tiene los
nutrientes adecuados (por sequía, por ejemplo), las
reacciones químicas de formación de grasa a partir de los
hidratos de carbono no se dan y no pueden acumular
suficiente cantidad de ésta en su cuerpo.
Si tienen hidratos de carbono, miel, pueden
quemarlos para producir calor, pero les faltarían elementos
necesarios para la producción de hormonas y enzimas que
controlan procesos importantes: la fabricación de jugos
digestivos, el sistema inmunológico, el aislamiento de los
conductos nerviosos, la producción de jalea real (con lo que
paralizarán la cría), la producción de cera...
La falta de polen, también provoca en el
organismo de las abejas “hambre de proteínas”, que tratan de
solucionar extrayendo proteínas de donde las haya,
fundamentalmente del músculo y los intestinos. Esta
situación puede provocar daños celulares en estos tejidos,
con la consiguiente disminución del peso corporal, y la
posible observación de tejidos dañados (como el digestivo)
que deja de producir jugos digestivos, y queda con daños que
pueden confundirse con lesiones de parasitosis por nosema.
Paralelamente a ese proceso orgánico hay un
aumento del instinto de recolección de polen, lo que hace
que, si no lo encuentran, recolecten cualquier cosa que se
le parezca (harina, polvo de paja, polvo de los piensos para
ganado, e ¡incluso aserrín de madera!). Algunas de estas
sustancias pueden alimentarles algo (como el pienso de
lechones), otras poco o nada (pienso de vacas, paja,
aserrín...)
Todos los seres vivos tienen mecanismos de
comportamiento semejante. Todos hemos oído hablar de
consumir cueros o hierbas en épocas de hambre; o recuerden a
Chaplin en “La quimera del oro”, comiéndose su bota guisada,
los cordones como si fueran espagueti y la suela como si
fuera un filete.
En estas situaciones de alimentación
desequilibrada las abejas se vuelvan mucho más sensibles a
cualquier problema que pueda afectar a su supervivencia:
enfermedades, intoxicaciones por plaguicidas, meteorología
desfavorable... Hay un refrán que lo expresa muy bien: “a
perro flaco todo son pulgas”.
Otro elemento imprescindible para la
supervivencia, a parte de los nutrientes mencionados, es el
agua. Los 2/3 de la mayor parte de los organismos
vivos son agua (en algunos más). El agua interviene en las
reacciones químicas que mantienen la vida, como disolvente y
también como refrigerante. En todas las reacciones se
produce calor, y si este no es eliminado, la temperatura
corporal iría subiendo poco a poco hasta “freír” a las
abejas por dentro: las proteínas se coagulan por encima de
los 45º C y pierden sus funciones.
Las abejas tienen en sus antenas unos termo
receptores (termómetros) conectados a nervios, que se
activan cuando la temperatura sube o baja y envían mensajes
a los ganglios cerebrales que provocan determinados
comportamientos (ventilación, agrupación, acarreo de
agua...)
Si la temperatura sube las abejas salen a por
agua, la vierten en gotas en los panales y ventilan para que
se evapore, esto “roba” calor y la temperatura baja a su
nivel normal. Si no pueden controlara así, salen de la
colmena y se sitúan bajo esta, a la sombra, para evitar que
su actividad dentro eleve más la temperatura.
Si hace frío, se agrupan en un racimo
compacto y se mueven produciendo calor (quemando sus
reservas de hidratos de carbono, miel que tienen a mano en
el panal, y en una segunda fase, sus grasas internas). Si
no pueden mantener constantemente en alguna zona del panal
una temperatura de 35 ±1º C y una humedad relativa de
alrededor del 80%, cesa la cría (esta se deshidrata con
facilidad a través de su fina piel). Por ello se ven abejas
recogiendo ávidamente agua al inicio de la cría, en
primavera temprana, pues si falta agua en la colonia, la
cría se paraliza.
Otro elemento que necesita agua es la
respiración, el aire que entra en los sacos respiratorios se
carga de humedad interna de las abejas, humedad que estas
deben reponer. La excreción de residuos también consume
agua. Si falta agua en le organismo de la abeja, porque no
haya aportes, este intenta recuperarla de donde sea.
Primero utilizará los tejidos que tienen mas agua: la
hemolinfa (sangre), que se espesará. Esto mueve a su vez
agua de los tejidos a la sangre. Los organismos vivos
tienen prioridades, por lo que el flujo interno de agua se
desvía hacía los órganos más importantes: el tejido nervioso
y el respiratorio, sacándola de otros menos importantes: los
músculos, los intestinos... Si este proceso sigue, la
hemolinfa se vuelve tan espesa que el corazón ha de hacer
más esfuerzo para bombearla, y circula mal por los
capilares, lo que genera más calor, lo que consume más agua
para regular la temperatura...
En estas condiciones las abejas se vuelven
extremadamente sensibles a cualquier problema, y acaban
pereciendo si el proceso no se detiene con el aporte de
agua. Algún año de sequía, en el que se secaron algunos
arroyos y fuentes, he visto colmenas muertas de sed; las que
quedaban vivas se recuperaron en cuanto se les puso un
bebedero con agua.
Con arreglo a lo escrito hasta aquí se pueden
citar, pues, 3 tipos de condiciones límites referidas a la
alimentación de las colmenas:
1)
Hambre de miel (hidratos de carbono).
La solución es sencilla, aportarlos. La
manera en que las abejas lo asimilarán mejor es como jarabe
de agua y azúcar blanco (sacarosa), que ellas pueden
convertir fácilmente en fructosa y aprovechar. Otra
posibilidad es utilizar un jarabe de fructosa, obtenido por
hidrólisis (ruptura) “larga” del almidón de maíz.
Finalmente, otra posibilidad es utilizar un jarabe de
glucosa, obtenido por hidrólisis (ruptura) “rápida”, del
almidón de maíz; en este proceso quedan cantidades
importantes (alrededor del 20%) de azúcares superiores
(polisacáridos, almidón) sin romper, que no son bien
digeridos por las abejas. Como suele suceder, el precio del
producto está directamente relacionado con lo procesado que
está y con su digestibilidad, aunque la próxima prevista
bajada del precio del azúcar blanca (39 % en los próximos 3
años) y la pérdida de la subvención a los derivados del
almidón de maíz, puede igualar los precios por “unidad de
azúcar asimilada por la abeja”.
La concentración de azúcar total en agua
deberá oscilar entre un 60-70% en época fría y un 40-50% en
época caliente.
Por supuesto que puede aportarse miel, pero
siempre de origen sanitario conocido y vigilando el pillaje.
2)
Hambre de polen (grasa, proteínas).
También pueden ser aportadas. Existen en el
mercado de alimentación animal complejos de amino ácidos,
vitaminas y proteínas en líquidos y en polvo, incorporables
a la alimentación. Si las colmenas están muy debilitadas es
mejor aportarlos en una alimentación líquida. Cuando se
hayan recuperado puede pensarse en una alimentación sólida.
Debido a la situación de cambio climático, ya
ha ocurrido más de una vez en los últimos años que algunos
colmenares no han podido acopiar suficiente polen en
primavera y verano como para aguantar bien hasta otoño, y
si la floración de polen en esta época también les falla,
entran en invierno en pésimas condiciones y perecen. Sería
conveniente revisar nuestras estrategias de trabajo y
evaluar la situación de las reservas de polen a finales de
verano, agosto o septiembre, para alimentar con un sustituto
de polen si es preciso, si este falla en la otoñada.
Si se piensa en aportar polen de colmena, es
mejor hacerlo en panal, debidamente humedecido con agua con
azúcar si está seco, y siempre de origen sanitario conocido.
3)
“Hambre” de agua (sed, deshidratación).
Es sencilla de solucionar. Existen multitud
de dispositivos que permiten aportar agua a las colmenas
cuando estas no tienen suministro cerca.
¿Cómo enlaza esto con nuestra situación de
los últimos años?
Estamos en tiempos difíciles. En los últimos
8 años (1998-2006), desde que hay ayudas, en España hemos
pasado de 1.800.000 colmenas a 2.500.000 (un aumento de un
40 %), que, además, se ponen en colmenares mayores, con
mayor número de colmenas, para aprovechar la carga del
camión que ahora también es mayor (esto disminuye la
floración útil por colmena).
Los terrenos de uso apícola son menores, por
desertización, construcción de urbanizaciones, disminución
de los cultivos de uso apícola (girasol, colza...) o uso
excesivo de plaguicidas de alta persistencia y alta
toxicidad a bajas dosis (como los neurotóxicos imidacloprid
y fipronil del Confidor®, Gaucho®, Regente®...).
Y el cambio climático está alterando el
régimen de lluvias y elevando las temperaturas, lo que, en
un territorio como el nuestro, se traduce en menos
disponibilidad de alimentos para las abejas y periodos de
carencia más largos.
Si recopilamos datos de informes sobre este
tema los resultados son pavorosos:
-
La NASA ha publicado que
2005 fue el año más caluroso en el mundo desde que
existen datos, desde 1880,
www.data.giss.nasa.gov/gis-temp/2005
-
“…seis de los
siete años más cálidos desde que hay registros (120
años) han ocurrido desde 2001…” cita el último
Informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático
(IPCC)
-
Según este IPCC (que reúne
trabajos de 2.500 científicos) 2006 fue el año con:
-
más deshielo, con
2005, en el Ártico
-
temperaturas árticas
12,6 º C por encima de las más altas registradas
antes
-
julio con 2,7 º C por
encima de la media en Europa
-
Alpes, otoño más
caliente desde hace 1.300 años
-
otoño en Inglaterra
menos frío desde 1659
-
abril con el nivel más
alto en el Danubio desde 100 años (inundaciones de
Bulgaria, Hungría, Rumania…)
-
el año más caliente en
España, desde que hay registros
-
de enero a septiembre,
en EEUU periodo más caliente de su historia
-
Brasil y Australia,
temperaturas récord de 44,6 y 44,2 º c
respectivamente.
-
En el hemisferio norte el
invierno más cálido, desde que hay registros, 1880, ha
sido el del 2006 (Administración Nacional Oceánica y
Atmosférica de EEUU, NOAA)
-
La economía mundial caerá
un 20 % por las pérdidas de la agricultura, la sequía,
el calor y las enfermedades a causa del cambio climático
si no se corrige, según un informe del gobierno
británico hecho público en octubre 2006 (El País,
31.10.2006 pg. 35)
La situación en España es aún peor:
-
“…La Península
Ibérica está padeciendo los años más calurosos desde que
existe registro de temperaturas, dos de los 4 más
calurosos han sido 2003 y 2004…en Europa no se han visto
cambios de esta magnitud desde hace 5.000 años…”,
según la Agencia Europea de Medio Ambiente en su informe
“El medio ambiente europeo, estado y perspectivas
2005” www.eea.eu.int/main
-
2006 fue el año más
caliente de España desde que hay registros (1900),
informe IPCC diciembre 2006. Las precipitaciones podrían
disminuir entre un 30 y un 70 % en primavera y verano.
-
la primavera (datos del
2000) empieza 14 días antes y el otoño se alarga 9, hay
23 días más de calor, Comité de Investigación Natural,
Centro de Ecología e Hidrología, UK.
-
el almendro adelanta su
floración medio mes (A. Mestre, Servicio de Aplicaciones
Metereológicas del Instituto Nacional de Meteorología),
con lo que hay descoordinación en las cadenas
alimentarias, los polinizadores no puede ni polinizar ni
alimentarse (J. Peñuelas, CSIC-CREAF, El País 26.08.06)
-
la media de lluvias de
Lérida es la más baja de los últimos 4.000 años, estudio
de 180 fósiles vegetales, Universidad de Lleida.
-
algunas osas cantábricas
con crías no hibernan, Fundación Oso Pardo, 20.12.2006
-
las golondrinas han
adelantado su llegada 10 días en los últimos 30 años
-
hay hayas (Fagus
sylvatica) en Montseny (Barcelona) a 1700 m., antes
no
-
hay enebros enanos (Juniperus
nana) en Peñalara (Madrid) a 2700 m., antes no
No es casualidad que el tema central de la
próxima cumbre de presidentes de autonomías españolas, a
celebrar a mediados del 2007, sea el cambio climático. Hay
antecedentes históricos: la sequía de los años 700 a 900
provocó la caída del imperio maya en México, en su edad de
oro, y de la dinastía Tang en China (Haug, 2007, Nature.
445. 74-77, La Vanguardia 04.01.07, pg. 27)…
“cuando las barbas de tus vecinos veas pelar, echa las tuyas
a remojar”.
Como mencionan muchos de esos informes, estos
cambios solo se explican por la actividad humana,
principalmente por la emisión de gas carbónico (y otros) al
quemar carbón, petróleo o gas, que lleva siglos acumulándose
en la atmósfera y, aunque deja pasar el calor del sol, frena
la salida de calor de la superficie terrestre (efecto
invernadero).
Debemos actuar contra esas fuerzas. Va siendo
hora de que nos tomemos en serio ese viejo lema del mayo
francés del 68: “que paren el mundo, que me quiero bajar”.
La humanidad consiguió independizarse de las
condiciones de su entorno a base de tecnología, y eso le ha
permitido evolucionar tanto en tan poco tiempo (nuestra
especie lleva solo unos 100.000 años sobre el planeta, las
abejas llevan uno 50 millones de años). Pero nuestra
tecnología utiliza recursos naturales, y estos son finitos.
Estamos llegando al límite, no podemos seguir en la espiral
de terror de producir de todo, cada vez más, a menos costo,
y para vender a un precio cada vez más barato, generando un
consumo de recursos cada vez mayor y una producción de
residuos cada vez mayor, tenemos que replantearnos nuestro
modo de vida.
Volviendo a nuestras abejas, hemos de tener
en cuenta que rompemos su equilibrio natural, que ponemos un
centenar de colmenas donde, en condiciones naturales, solo
habría unos pocos enjambres (y esto interviene también en la
propagación de enfermedades); que cosechamos una parte
importante de sus reservas, obligándolas a recolectar más
para su sustento; que a veces realizamos operaciones de
manejo inadecuadas…
Si queremos conservarlas debemos adaptarnos a
los cambios. Y podemos adaptarnos cambiando nuestras
tácticas de trabajo. Debemos huir de las rutinas y estar más
atento al campo, y a los conocimientos que nuestra época nos
proporciona. Hemos de tener en cuenta que se está eliminando
la otoñada tal y como la conocíamos, y como consecuencia las
abejas de esa época no se alimentan suficientemente bien en
la fase larvaria, y nacen con el depósito de reservas de
grasas, aminoácidos y vitaminas lleno solo a la mitad. Como
consecuencia viven la mitad, y no aguantan todo el invierno,
con lo que mueren antes de que las aportaciones de la
primavera permitan la renovación de la población.
Una alimentación suplementaria con proteínas,
aminoácidos, y vitaminas puede dar buenos resultados, pero
ha de ser de composición adecuada y de aportación constante,
hasta la nueva aparición de recursos naturales. |